El día de ayer volví a salir a buscar trabajo, ya había decidido que no lo haría y que sería mejor continuar con el autoempleo por razones que expliqué en la entrada anterior, pero en ocasiones esto deja mucho tiempo libre y causa una gran sensación de inestabilidad, así que volví a la búsqueda.
Me presenté a varios lugares para una entrevista y terminé rechazando algunas vacantes por los sueldos que ofrecían, incluso pensé en ir a una vacante de encargado de una “sala de masajes” (sinónimo de casita alegre, prostíbulo, burdel, congal, etc), pero simplemente no fuí porque sabía que me sentiría mal por recibir dinero de la venta de las nalguitas de las chicas que ahí trabajan.
Total, me la pasé buena parte del día vagando en la calle, y con el méndigo calor que hacía se me antojó una cerveza para refrescarme, ya había tomado dos litros de agua en 3 horas pero eso no refresca, quita la sed pero no refresca. No es difícil encontrar un bar en el centro, de hecho, hay más bares y cantinas que cualquier otro tipo de negocio, pero yo quería ir a uno en especial, el “Mariscos Monterrey”, ya que ahí me pasé unas buenas y rockeras borracheras con 2 de mis mejores amigos de prepa y universidad. Entonces me fuí caminando por la avenida Juárez en dirección al bar pero, cuando estaba por la Prepa 1 (a 3 o 4 calles del bar, no recuerdo bien), me dije “¿Pa´que vas a gastar en cerveza si estás buscando trabajo?, Mejor vete a casa báñate, toma agua, cómete una fruta o una gelatina, pero guarda el dinero y lárgate a tu casa.
Me hice caso.
En la Ave. Juárez pude haber tomado el camión pero con el calor, prácticamente se vuelve una olla de presión, así que doblé rumbo a la Ave. Cuauhtémoc para tomar el metro, cosa que ese día no debí hacer.
Quienes me conocen saben que nunca tengo la cabeza en un sólo lugar, podré estar trabajando o estudiando y parecer que estoy muy concentrado, pero la verdad es que siempre estoy pensando en cualquier otra cosa ajena a lo esté haciendo; y si sólo estoy caminando es mucho peor porque me gusta hacerlo para relajarme y dejar volar las ideas.
Bueno, resulta que a 2 calles después de la prepa y por andar pendejeando (no encuentro otra palabra), un tipo me abordó y me dijo: “¡Hey compa!, vengo con un camarada desde Laredo y necesitamos una ayuda pa´l camión y regresarnos, ¡Cáete con lo que traigas o aquí te quiebro con la pistola!”.
Ahí sí me tembló el piso, era la primera vez que me asaltaban, anteriormente ya me han robado cosas sin que me diera cuenta pero nunca me habían amenazado de muerte, y menos tan sorpresivamente en uno de esos momentos de pendejez absoluta; por ello le dí $150 pesos, lo máximo que cargo para un taxi por si sucede algún imprevisto (regularmente sólo gasto en camiones y botellas de agua por lo que esos $150 los traigo paseando por un buen rato).
Pasaba el tiempo y el imbécil ése me decía -mientras me mostraba un bulto bajo su playera que realmente parecía una pistola-: “¡Te estoy diciendo que me dés todo o aquí te quiebro!”, “Puro billete”, a lo que contesté aún shockeado, “ya no traigo wey, ando buscando trabajo, de dónde quieres que te dé”; a lo que él contestó “¡Dáme el celular y la cartera o aquí te trueno!”.
Durante ése intercambio de palabras tuve tiempo para reaccionar (sobretodo cuando pidió el celular, ya que lo acababa de reactivar para seguir trabajando por mi cuenta y obviamente no se lo iba a dar); mientras él seguía hablando y, ya con la cabeza fría pensé que, por lo sorpresivo del asunto nunca había visto a su “camarada”, así que supuse que estaba solo, entonces le dije “enséñame la cacha de la pistola”.
Tampoco debí hacer eso porque bien pudo traer una pistola, pero como se puso nervioso yo me confié y ya me le iba a ir encima, pero justo en ese momento sentí que alguien venía corriendo atrás de mi y ahí me volvió a temblar, yo había supuesto que él andaba solo pero no estaba seguro; no sabía si voltear a ver quien venía, o si debía seguir viendo a ése imbécil para evitar que me atacara; no sé porqué pero me volteé, y ví que quien corría era una señora para alcanzar su camión; me sentí aliviado porque confirmé que el tipo estaba solo, pero me paralizé cuando recordé que le había dado la espalda.
Pensé: “Ya ni modo, voltéate y haz lo que puedas para defenderte”, dos segundos después volteé hacia donde suponía que él estaba y ya no lo ví. Es seguro que él no había imaginado que yo iba a enfrentarlo , y yo tuve suerte de que pasara la señora y de que él hubiera tenido miedo de que empezara a haber más gente en la calle, si no quién sabe que habría pasado.
Ya aliviado pero enojado, me dispuse a irme a mi casa (no le dí lo que tenía de cambio, si no cómo me iba a ir casa); caminé como cuatro calles y volví a ver a ese imbécil de frente pero a media calle; como ya estaba en plena avenida llena de gente dije, aquí si me la pagas, y me dirigí a él esperando que no me viera porque él seguía nervioso viendo a todos lados; por desgracia me vió y se trepó a un camión que ya iba en movimiento y se me escapó.
Ya no tuve de otra más que irme a casa, porque no había ni una méndiga patrulla para denunciar el robo. Al menos no resulté herido, ni perdí mi celular ni las cosas que traía en la mochila; eso sí, quedé con un méndigo coraje que casi deseo toparme otra vez con ése tipo para darle una buena revolcada en la calle.
Por lo que veo ya son las 12:13 am, así que esto no paso ayer sino hace dos días, y ya me quiero dormir, Buenas noches.
Últimos comentarios