Un sueño

Decidí crear este apartado en el blog porque esta madrugada tuve un sueño que me sacó mucho de onda y me evitó dormir el tiempo al que estoy acostumbrado.

Soñé que estaba caminando con mi buen amigo Héctor por la Ave. V. Carranza, lugar por el que ocasionalmente pasábamos cuando salíamos de la prepa. Se suponía que yo tenía que comprar algunas cosas en una ferretería que realmente no existe, pero que en el sueño se encontraba donde ahora hay un OXXO, cerca de donde vivía antes.

El caso es que íbamos caminando por toda la avenida, cruzando calles, esquivando autos, cotorreando como acostumbrábamos, pero al llegar al cruce del ferrocarril, a dos calles de la “ferretería”, teníamos que pasar por un callejón contiguo a las vías donde se encontraba un indigente. Éste sujeto nos pidió dinero para alguna cosa -que ahora no recuerdo, posiblemente comida-, a lo cual yo me negué porque soy muy desconfiado y suponía un posible asalto pero, Héctor nunca fué así -a primera vista siempre confiaba en la gente-, por lo que dijo que le ayudáramos.

Metí la mano al bolsillo derecho de mi pantalón para sacar unas monedas, bajé la cabeza y, al volverme para dárselas al indigente, éste ya no estaba con nosotros; volteé hacia Héctor y lo ví con gestos de dolor y miedo entremezclados, sujetaba con fuerza su cabeza y me decía que lo ayudara, que no dejara que se lo llevaran. Me acerqué a él tratando de ayudarlo, poniéndome entre él y la nada, no había nada más que las interminables vías del tren, una planta de GAMESA al fondo a la izquierda y las oficinas y bodegas del OXXO a la derecha; ahí caí en cuenta de que había algo raro, algo mal; acababa de platicar con él por más de 15 calles ó 30 minutos -como quiera verse-; y ninguno de los dos recordábamos que él había fallecido hacía casi un año.
En ese momento yo lo recordé pero al parecer él no, pues seguía pidiéndome ayuda, lo imploraba; yo, sólo me llené de angustia porque aunque lo abrazara con fuerza sabía que no podía hacer nada, así como el “Buen” Rodrigo y yo no pudimos hacer nada por él cuando falleció, ni siquiera lo vimos antes de morir porque nos enteramos días después de que lo sepultaron.

El próximo 10 de abril se cumplirá un año de que se fue y aún duele que se haya ido, a pesar de que ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que él, Rodrigo y yo nos juntáramos para platicar sobre lo ha sido de nosotros desde que terminamos nuestros estudios.

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Publicado el marzo 30, 2007 en Sueños raros. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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